El Sr. Cameron se planta en Bruselas.

El pasado viernes el primer ministro británico David Cameron se plantó en Bruselas retirando su apoyo a las propuestas germano-francesas orientadas  a buscar una solución para los problemas que asolan al vapuleado euro.

La propuesta de la canciller Merkel y el presidente Sarkozy pretendía  la implementación de controles financieros y de una tasa aplicable a las operaciones financieras. Según argumenta el presidente Sarkozy, es imperativo regular cuanto antes el sector financiero, puesto que la falta de control, supervisión y adecuada regulación ha sido precisamente uno de los  factores desencadenantes de la crisis que afecta a Europa. El Primer Ministro Cameron rompió la baraja de la negociación argumentando que la propuesta de regulación financiera de la City londinense (léase imposición de una tasa) perjudicaría seriamente los intereses nacionales del Reino Unido.

La propuesta Germano-Francesa tiene mucho sentido si se quiere reducir el número de operaciones puramente especulativas como  la venta a corto, o el mercadeo excesivo de opacos productos estructurados. La aplicación de una tasa reduciría el volumen de las apuestas puramente especulativas. Parece que en un principio, la aplicación de la tasa afectaría a todas las transacciones.

El problema, desde el punto de vista del Sr. Cameron, es que una gran proporción de las transacciones financieras que tienen lugar en Europa , un 75% según la BBC , se originan en la City Londinense, lo que equivaldría, según la postura británica,  a que el Reino Unido asumiera una elevada proporción  del gravamen financiero. Si añadimos que Londres compite duramente con Nueva York, Francfort y otras plazas orientales por mantener la hegemonía como capital mundial  financiera, podremos entender la postura del Sr. Cameron. Además, la “City” emplea a 1 millón de personas en el Reino Unido y representa una fuente notable de ingresos para la hacienda británica y para la ciudad de Londres. En un panorama donde la industria pierde relevancia económica, La City se ha convertido en  la nueva gallina de los huevos de oro.

Otros observadores más suspicaces alinean el comportamiento del primer ministro con  perversas maquinaciones del partido Conservador. En el partido Tory, existe una corriente  manifiestamente anti-UE, y muchos argumentan que dicha corriente tiene excesivo control sobre el actual gobierno.

El objetivo de los euroescépticos tories consistiría en buscar una situación de excesiva tensión  con la UE  lo que les permitiría ejercer su influencia  para organizar un referéndum sobre la renegociación del actual tratado que, en caso de aprobarse,  daría poder al gobierno para negociar  un nuevo marco de relación con la UE. Los euroescépticos quieren ante todo repatriar hacia  el Parlamento Británico, poderes que residen actualmente en Bruselas. Muchos euroescépticos no ocultan que la relación ideal con la UE, consistiría en un tratado de libre comercio, con mercados totalmente accesibles, libre circulación de capitales  y mínima intromisión de Bruselas en la vida política británica.

Una vez libre del control político de Bruselas, la maniobra  consistiría en ir acercando paulatinamente al Reino Unido a los postulados económicos imperantes en EEUU,   liberar   a las empresas británicas de la, según ellos, fastidiosa  regulación y normativa laboral europea (red tape), e ir privatizando lo poco que queda del sector público en Reino Unido.

Si unimos   el aumento en productividad que se produciría, básicamente debido a caída en los costes y salarios, con el acceso abierto al mercado único, la situación proporcionaría al Reino Unido una enorme ventaja competitiva con respecto a otras economías más reguladas como la alemana o la francesa. Además, como hasta ahora, el Reino Unido dispondría de absoluto control sobre su  política monetaria y fiscal.

Esa puede también ser una posible teoría de la plantada de Cameron.

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El disputado gesto del Sr. Cayo.

Aunque todavía no haya leído la novela del gran escritor Miguel Delibes, El disputado voto del Sr. Cayo, lo tengo en mi lista de pendientes, de ahí el título de esta entrada.

El pasado 6 de Diciembre, día de la Constitución, el Sr Cayo Lara, coordinador general de Izquierda Unida, se plantó delante de una cámara de TV del diario el Pais para explicar los motivos de la ausencia de su formación de los actos conmemorativos celebrados en las Cortes.

En las actuales circunstancias , me parece un gesto innecesario por no decir inapropiado. Más que un gesto para hacerse notar, el Sr. Lara protagonizo una contorsión digna del mismísimo Houdini. A mi modo de ver, no había razón para que IU no estuviera representada el día 6 en el parlamento. Más que nunca, la coalición respaldada por parte de tantos ciudadanos en las pasadas elecciones, debería homenajear la Constitución en su aniversario. A fin de cuentas, si no me equivoco, IU es un partido constitucionalista.

El Sr. Lara  aduce que la constitución garantiza el derecho al trabajo, y que por encontrarse tantos españoles sin empleo, parece que la española no es una buena Constitución.

Yo creo que el Sr. Lara  se refiere a que la Constitución debe amparar el derecho al trabajo como un derecho fundamental, como así lo hace en el art. 35,  pero según entiendo, el articulo se refiere al derecho de acceso  al trabajo por parte de todos sin discriminación.

Es evidente que la Constitución  no puede garantizar en modo alguno que todos tengamos trabajo, puesto que ello  depende en gran medida de la habilidad para crear empleo de los gobernantes elegidos,  y de muchos otros factores macro y micro-económicos. Me pregunto  qué país tiene una constitución que  garantice un empleo a los ciudadanos.

Otro motivo de la plantada de IU es su desacuerdo con el  pacto anti déficit alcanzado el pasado verano por gobierno y oposición. Según el Sr. Lara, esta decisión debería haber estado sometida a referéndum.

Por interés general, yo no puedo estar más en desacuerdo. Todos los ciudadanos quieren servicios públicos de calidad, pero los servicios públicos hay que pagarlos con impuestos recaudados  o con dinero prestado de los mercados financieros.

La diferencia entre los ingresos que disminuyen por la crisis,  y los gastos que aumentan,  es un déficit presupuestario que acumulado se convierte  en deuda pública creciente. Si las circunstancias  macroeconómicas actuales, obligan al gobierno a reducir la deuda para proteger la credibilidad del euro, el único camino que queda para atajar el déficit es, por un lado,  la reducción del gasto público  o por el otro el aumento de los impuestos, o quizás  una combinación de ambos.

Actuando como agentes económicos individuales, pocos electores tolerarían un aumento de impuestos y una reducción en gasto público, por tanto cabe esperar que el resultado del referéndum seria  un previsible NO a la limitación de los  déficits presupuestarios.

El problema es que el NO al limite de endeudamiento iría   contra el interés público a medio-largo plazo, agravaría  enormemente la actual crisis de confianza del euro, y abriría  la posibilidad de que España fuera invitada a abandonar la moneda única.  El pacto de estado, en este caso, parece la decisión adecuada  para el  interés general.

En realidad, no acabo de ver como un pacto de estado menoscaba el espíritu de la Constitución Española ni los derechos de los ciudadanos españoles. Los pactos de estado están a la orden del día en muchos países democráticos. El referéndum debe considerarse como una opción de último , no de primer,  recurso.

Me pregunto por qué algunos  la tienen tomada con la Constitución y se empeñan en culparla de todas las adversidades y desgracias acaecidas, como la falta de vivienda también citada por El Sr. Lara. Los males que nos asolan  son en su mayoría  consecuencia de malas políticas y torpes decisiones gubernamentales. No es justo achacar a la Constitución ninguno de esos problemas.

Cinco semanas en globo

Este título de una canción de Radio Futura, que sonaba con fuerza en los años de la movida, podría bien utilizarse como   una metáfora de los problemas que asolan a la zona euro.

Los países del euro vuelan apretujados en la cesta de mimbre de un globo. A los mandos de la nave están la capitana Merkel, asistida por  su  segundo de a bordo, Mr. Sarkozy. El globo desciende peligrosamente lastrado por el peso (deuda) de algunos viajeros que se subieron al globo con evidente exceso de equipaje. Al parecer, nadie se preocupó en su día  de hacer  los cálculos adecuadamente antes de despegar. Eran otros tiempos.

El vuelo comenzó discurriendo plácidamente entre brisas. Los pasajeros admiraban el ubérrimo paisaje desplegado a sus pies degustando un suculento almuerzo de canapés y champán.

Pero no siempre  lo bueno dura indefinidamente. Una inoportuna tormenta financiera se cruza en el trayecto del globo. Entonces el cielo se puebla  de nubes grises y malos augurios, comienza a llover  y el globo empieza a perder altura. Para remediar la situación,  según algunos proponen, la Sra. Merkel  podría abrir la válvula del depósito de gas,  todavía medio lleno, y avivar la llama salvadora que eleve la aeronave, pero la Sra. Merkel se niega en redondo a girar la espita, y reclama que los viajeros deberían tirar por la borda todo su equipaje, incluyendo la ropa,  para que el globo gane altura. Los pasajeros vacilan. Según ellos, el gas de la botella que alimenta el fuego sagrado pertenece a todos por igual. Todos discuten entre sí, sin llegar a un acuerdo.

De vez en cuando sacan la cabeza fuera de la cesta y  miran hacia el suelo que se aproxima a una velocidad poco confortadora. Desde allí distinguen a un sonriente Mr. Cameron y otros congregados a su alrededor, haciéndoles señales con exuberantes movimientos de brazos. Los viajeros, desde las alturas solo logran escuchar la frase “I told you”. La Sra. Merkel pretende no oírle y mira hacia otro lado. El Señor Sarkozy lamenta profundamente que ya no le quede ni un solo saco de arena para dejarlo caer sobre la cabeza del Sr. Cameron.

Como decimos, hace un buen rato que los ocupantes del globo tiraron el último saco de arena, pero este  sigue su imparable descenso, cada vez más rápidamente.

En la cesta circulan rumores y cuchicheos. Algunos piensan que en las actuales circunstancias, para aligerar peso y remontar el vuelo,  convendría considerar por el bien común,  la posibilidad de que unos pocos  ocupantes salten del globo a la primera oportunidad.  Los defensores de la teoría argumentan que con un poco de suerte, si logran aterrizar sobre la copa de un árbol frondoso, quizás los que salten solo se romperán un par de huesos.

Varios pasajeros ya van colgando de la cesta  con medio cuerpo fuera, otros prefieren alejarse de los extremos de la misma  buscando posiciones hacia el centro, por considerar esta ubicación más segura  y protegida en caso de impacto.

Y en el centro de la canasta va sentada la Sra. Merkel,   la capitana, que aún sujeta tercamente la válvula del gas.

El suelo se aproxima. ¿Quién saltará? ¿Quién quedará a bordo del globo?

¿Quedan realmente cinco semanas?

Pronto lo sabremos…